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DÍA VIGÉSIMO OCTAVO. EL MONSTRUO DEJA AGUJEROS.

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En todos estos días en los que el balcón sobre los cinco carriles vacíos de la Av. Callao de Buenos Aires constituye mi única ventana al mundo, nunca me había puesto de verdad a hacer un balance de lo que el monstruo que nos encerró bajo llave en nuestras casas ha provocado hasta ahora en mi entorno. Yo lo llamo monstruo y eso que es diminuto, invisible a la vista, será porque la referencia que tenemos de los monstruos nos llega de los cuentos que nos contaban de niños, en los que un enorme ser, de rasgos estéticamente desagradables, amenazaba nuestras noches y nos impedía conciliar el sueño. El monstruo ya se ha llevado varios compañeros de viaje. Protagonistas de fases de mi vida, en las que compartí viaje con ellos, noches de insomnio, ilusiones, proyectos, amistad, incluso relación familiar. En algún momento dije que si salimos de ésta, cuando miremos a los lados veremos los agujeros que nos ha dejado en el alma esta   pandemia, que no trae sólo enfermedad física, sino ...

DÍA VIGÉSIMO SÉPTIMO. LA LIBERTAD Y LA JAULA

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Algunos días solo quieres salir al balcón, sentarte en la butaca y esperar. No sé muy bien a qué, pero esperar. Algunos días, lo único que pretendes es que el aire fresco del otoño se lleve la sensación de tristeza que se instala poco a poco y te aprieta el dogal en el cuello evitando que respires tranquilo. Debe ser parecido a lo que dicen que les pasa a los pájaros que, desde dentro de la jaula, ven el mundo que los rodea pero no pueden salir a disfrutar. Y, sin saber muy bien por qué, una sensación de tristeza les invade hasta el punto, en ocasiones, de matarlos. He tenido pocos pájaros en mi vida y siempre de niño o durante mi adolescencia. El primero que recuerdo era un jilguero cuya jaula colgábamos en la pared de ladrillo que marcaba la anchura del balcón, apenas metro y medio de aire libre en el tercer piso de aquel edificio frente a la tapia blanca, esa que separaba la calle sin asfaltar de la hierba en la que reposaban a secar, blancas y recién lavadas, las sábanas de...

DÍA VIGÉSIMO SEXTO. PÉRDIDAS Y GANANCIAS.

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Se inicia una semana más en este confinamiento al que el mundo se ha visto obligado. Un nuevo orden, una nueva forma de entender las cosas, un método diferente a través del cual vamos a tener que organizarnos porque, a pesar de que poco a poco ensayemos la vuelta a lo que antes conocíamos como la normalidad, el mundo ahí fuera, al otro lado de la reja del balcón o de la pared del patio, la vida no volverá a ser la misma. Desde el balcón sobre los cinco carriles vacíos de la Av. Callao de Buenos Aires contemplo un día gris de otoño porteño. Y me pregunto, después de semanas confinado con una visión tan escasa y parcial del mundo como la que me proporciona aquello que puedo dominar con la vista desde mi atalaya qué cosas habremos perdido para siempre cuando finalmente podamos ir un poco más allá del portal de nuestra casa y cuáles podremos rescatar, que nos recuerden aquello a lo que estábamos acostumbrados. Muchas de aquellas cosas que antes nos parecían incluso incómodas ahora ...

DÍA VIGÉSIMO QUINTO. LA INFORMACIÓN Y EL PODER

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Desde que se inventaron los Gabinetes de Comunicación, esas oficinas en las que hay unos tipos que se dedican a pensar cómo contar las cosas de un modo más fácil de digerir para eso que ha dado en llamarse "público en general", que también es otro modo de definirnos como "turba", sin que nos moleste, pues desde entonces nos hemos ido acostumbrando a un lenguaje subliminal, cargado de eufemismos, contrario a lo que en España definimos con el refrán "al pan, pan y al vino, vino", es decir, llamar a las cosas por su nombre, en lugar de tratar al interlocutor como si fuera corto de entendederas o un adolescente al que tienes que dosificar la verdad porque no está preparado para entenderla o para gestionarla consigo mismo. Desde ese momento se han abandonado conceptos que definen muy claramente lo que pasa, o el estado de la situación, evitando toda sensación que exprese un panorama negativo porque hablar claro, decir que algo va mal, no es bueno para quien e...

DÍA VIGÉSIMO CUARTO. LOS HIJOS DE WOODSTOCK

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El encierro durante tantos días provoca una revisión vital en cada uno de nosotros. Ya nos ha dado tiempo a ver la película de nuestra vida, algunos en varios capítulos, como una serie de NETFLIX, si ya tenemos una edad. Debe ser que, como estamos en una pandemia, la posibilidad de enfermar y no salir vivos de ésta hace que, como nos han contado que ocurre cuando estás caminando los últimos metros de tu existencia, asistes a una proyección de tu película privada, sin que te dé tiempo siquiera a hacer la crítica posterior. Lo que pasa es que en esta ocasión sí nos da tiempo a hacer la crítica porque aún seguimos vivos. Y, claro. si en los días que han transcurrido no hemos tenido el impulso de anotar, no voy a decir en un papel, pero sí al menos mentalmente esa lista de cosas que modificaremos cuando nos abran la puerta de la jaula, es que no vamos a cambiar en nada, por lo tanto, en este punto ruego encarecidamente que borremos de la memoria de nuestros teléfonos toda esa mensa...

DÍA VIGÉSIMO TERCERO. LA DAMA ORGULLOSA.

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En Buenos Aires el clima se ha empeñado en añadir un elemento más que contribuye a hacer este confinamiento más largo y penoso: el sol brilla en un día claro y libre de contaminación y, a través del balcón, sobre los cinco carriles vacíos de la Av. Callao, entra iluminando la estancia y aportándole ese color que tienen los días en los que apetece salir a dar un paseo y sentarse en una terraza a comer, o tomarse una cerveza. Mientras miro por encima de la barandilla la calle quieta y libre de circulación y de gente, pienso en aquellos días, recién llegado a esta ciudad hace ya más de ocho años, cuando paseaba sin rumbo, que es como caminamos los llegados a cualquier parte a los que nos interesa más encontrarnos con las cosas que ir a buscarlas y me sentaba en cualquier esquina porteña, donde se toma café sin prisa y se debate sobre cualquier cosa. Yo venía del silencio de las calles vacías a las nueve de la noche en invierno. De un lugar sobrio en el que, al despertar, aún se es...

DÍA VIGÉSIMO SEGUNDO. ENORME INCENDIO.

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Alguien dijo en alguna ocasión que cada vez que muere un anciano arde una biblioteca. En estos tiempos convulsos, en el mundo se está quemando un bagaje de sabiduría equivalente a la Biblioteca de Alejandría, En estos días en los que nada es seguro, el mundo padece un incendio diario a través de la muerte en medio de la tristeza y la soledad de miles de ancianos que no tienen una mano que les tome la suya y les acompañe hasta el embarcadero donde Caronte los guíe a través de la Laguna Estigia. En el país en que nací, España, nuestros mayores, en muchos casos, fueron niños de la guerra. Vivieron un conflicto que no entendieron, pero que los marcó para siempre con cicatrices en el alma, esas que no se ven, pero que son las que más duelen en los cambios de estación. En su adolescencia y primera juventud padecieron la post guerra, el  hambre, la incultura, la falta de una educación que los permitiera dar de sí en la medida en la que estaban dotados y muchos, como consecuencia de ello...