DÍA VIGÉSIMO OCTAVO. EL MONSTRUO DEJA AGUJEROS.
En todos estos días en los que el balcón sobre los cinco carriles vacíos de la Av. Callao de Buenos Aires constituye mi única ventana al mundo, nunca me había puesto de verdad a hacer un balance de lo que el monstruo que nos encerró bajo llave en nuestras casas ha provocado hasta ahora en mi entorno. Yo lo llamo monstruo y eso que es diminuto, invisible a la vista, será porque la referencia que tenemos de los monstruos nos llega de los cuentos que nos contaban de niños, en los que un enorme ser, de rasgos estéticamente desagradables, amenazaba nuestras noches y nos impedía conciliar el sueño. El monstruo ya se ha llevado varios compañeros de viaje. Protagonistas de fases de mi vida, en las que compartí viaje con ellos, noches de insomnio, ilusiones, proyectos, amistad, incluso relación familiar. En algún momento dije que si salimos de ésta, cuando miremos a los lados veremos los agujeros que nos ha dejado en el alma esta pandemia, que no trae sólo enfermedad física, sino ...